Algunos autores datan un templo en esta posición en el siglo VII. Fue construida a inicios del siglo XII bajo la advocación de San Román pero en 1158 el templo fue incendiado por el pueblo zamorano durante el Motín de la Trucha quemando a los nobles que había reunidos en su interior. La iglesia se reconstruyó por orden real y cambió su nombre por el actual de Santa María la Nueva. Según documentos del siglo XV, en 1158 los plebeyos de la ciudad apoyaron al hijo de un zapatero, llamado Benito Pellitero, que se resistió ante el despensero de un noble que quería arrebatarle la trucha
que había adquirido en el mercado y prendieron fuego a esta iglesia
cuando en su interior se encontraban reunidos los nobles para tratar el
castigo que debería recaer sobre ellos. La cabecera y la fachada sur se mantienen igual que en el templo primitivo, es posible que se salvaran de la quema.
La iglesia de Santa María la Nueva de Zamora posee una turbulenta
historia que ha marcado su devenir constructivo. Sazonado con detalles
propios de leyenda popular tiene no obstante entidad histórica el famoso
Motín de la trucha, sublevación del estamento llano contra la
nobleza cuyos representantes se refugiaron en esta iglesia -entonces
bajo la advocación de San Ramón- en la que perecieron presas del
incendio provocado por la plebe. Asegura la tradición que sólo se
mantuvo en pie el ábside central y algunos lienzos murales calcinados. Sucedió todo esto en los años 1158 ó 1168; no hay unanimidad en la datación.
Parece que durante el siglo V y siguientes, primero bajo dominación sueva y luego visigoda (2),
los nuevos conquistadores se asentaron en las inmediaciones de esta
iglesia y de la de San Cipriano, mientras que la poca población de
ascendencia hispanorromana se concentraría cerca de la necrópolis
ubicada en la zona de Santa Leocadia, hoy iglesia arciprestal de San
Pedro y San Ildefonso, y la población judía junto al carral maior, hoy Rúa de los Francos, en su confluencia con la calle Moreno.
La construcción está hecha a base de sillería de piedra arenisca local;
de su primera época románica conservaría la cabecera, aunque existen
muchas dudas acerca de su configuración; de la segunda, tras el
incendio, los muros de la nave y la torre.
La cabecera del templo da la sensación
de haber sido edificada en dos veces -al menos-. Absidiolos laterales de cabecera
plana muy en la línea de San Cipriano y el central de un estilo diferente
y raro en estas tierras (Imagen 6) a base de arquillos ciegos
bajo el alero, de gran diámetro y apeados en columnillas adosadas.
Es un modelo visto en Aragón (Orna
de Gállego y sobre todo en Yeste)
y que probablemente llegara a estas tierras a la vez que el gran señal
de la escultura simbólica aragonesa: el crismón trinitario.
Vórtice energético dextrógiro en el espacio del ábside y el presbiterio; también en el lugar ocupado por la pila bautismal (este último, vórtice energético levógiro).